Existen ciertos lugares a los que las personas no les prestan mucha atención, ya sean porque no son llamativos a la vista o bien porque no son agradables para ellos, y otros que simplemente no se ven y aunque no lo creamos hay muchos de estos en nuestra ciudad. La Universidad Javeriana en Bogotá, se encuentra ubicada sobre la carrera séptima con cuarenta y debido a la gran cantidad de gente que pasa por este sitio genera demasiado tráfico peatonal, por lo que construyó un túnel subterráneo que atraviesa la séptima para facilitar el tránsito peatonal y así evitar accidentes por el paso de esta gran avenida.
El túnel es un espacio que se volvió básico para los transeúntes de esta zona de la cuidad, pero al detenernos y observar el lugar, nos damos cuenta que así como es de importante para el paso de las personas de igual forma es dejado de lado. Sin importar como la gente se desplace por el túnel nadie se detiene a observarlo ni a pensar en la gran función que cumple, sin embargo, se vuelve un medio completamente necesario para movilizarse. No existe ningún obstáculo que interponga nuestra seguridad y rápida llegada al otro lado.
Sin importar que el túnel se creó para la protección y seguridad de que quienes se movilicen por ahí, se encuentren tranquilos y seguros. Pero los peatones no lo demuestran y a pesar de ser un lugar para proteger, la gente se siente totalmente desprotegida. Al observar a los diferentes sujetos que caminan por el túnel, se ve una serie de sentimientos cómo: indiferencia, agresividad, alerta, temor y un completo aislamiento por el lugar. Este podría ser un aspecto que sugeriría el por qué el túnel es un lugar ignorado a pesar de su gran importancia.
A pesar de que el túnel ha sido remodelado y hay un mantenimiento constante, la gente no se encuentra cómoda en el lugar. Actualmente el túnel ha sido reformado drásticamente, las paredes ahora son de color blanco, salvo unos cuadros en la pared en bajo relieve que se encuentren pintados; uno de rojo y otro de color azul. Cuenta también con un cambio muy favorable en el techo con unas láminas metálicas entrecruzadas creando unos cuadros haciéndolo ver más pulcro y no con los bruscos acabados de antes, sin embargo, la mejora más notaria son las luces que ya no son pequeñas lámparas, sino por el contrario ahora se encuentran en todo el recorrido en ambos costados.
Con respecto al túnel antiguo, éste tiene un aspecto más limpio, ordenado y sobre todo es más agradable su ambiente, pero a pesar de los esfuerzos, el túnel sigue siendo un lugar poco deseable.
Se podría pensar que el túnel a pesar de tener colores claros transmite encierro y oscuridad (sin demeritar la función de las lámparas) creando así un ambiente hostil, inseguro y donde es necesario su rápido trayecto, sin detenerse ni a observarlo. Además es el frío, la suciedad que llega de arriba y un poco de humedad y en algunas ocasiones los indigentes que se postran a pedir limosna, todo esto, es lo que hace que se refuerce aun más ese sentimiento.
Es claro, entonces que el túnel cumple una función fundamental para los peatones que frecuentan esta zona, pero hay un conjunto de elementos que lo demeritan y hacen que el túnel pierda su valor de proteger y dar seguridad y empobrezca su sentido de ser.
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